CELOS DEL NOMBRE DE CUBA
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Hace unos días compartía con mi hermano Agustín Labrada algunas de las históricas y fascinantes toponimias de origen inglés que rotulan partes de la geografía cubana. Kingston y Omaha, por ejemplo, nombres de ciudades en Jamaica y Nebraska, respectivamente, que sirvieron para el bautizo de poblados al oriente de la Isla, y que en el caso del último, un sabroso y por demás lógico intercambio fonético por parte de los locales, terminó por transformar en el más pronunciable Omaja.
Esta conversación me hizo recordar un pasaje del libro “Palabras Perdidas” de Jesús Díaz, cuya lectura, prohibida y milagrosa, disfruté muchísimo cuando cayó en mis manos allá por los años 90.
A continuación reproduzco este fragmento, sobre todo para los que no han tenido la oportunidad de leerlo. Me tomé la libertad de añadir algunos vínculos para curiosos al final del texto. Disfrútenlo:
"- En otras palabras – dijo mirando a Carpentier -, que usted no es un escritor cubano.
Ella enrojeció y pidió la palabra para hacerse cargo de la réplica, pero nadie la tomó en cuenta. El Narrador se había vuelto hacia su fiscal y lo examinaba de pies a cabeza.
- ¿Y tú de dónde eres? – preguntó.
- ¿Yo? De aquí – replicó el Encíclope con profunda convicción.
- Ajá… - Carpentier hizo una pausa y dejo reposar sus manazas sobre sus muslos - . ¿Quieres decir que eres de Cuba? – El Encíclope asintió, pasándose la lengua por los labios resecos - ¿De Cuba, Portugal, a unos ciento cincuenta kilómetros al sureste de Lisboa? ¿De Cuba, en Okinawa, Japón? ¿Del pueblo de la Cuba, en España? ¿De las cercanías del lago Cuba, en Sicilia? ¿Del Reino de Kuba, situado entre los ríos Kasai y Sankuru, en la provincia de Kassia Occidental, Zaire? ¿De Kuba, en la República Socialista Soviética de Azerbaiján, setenta kilómetros al noreste de Bakú? ¿Acaso eres de Cuba, en Bali, Indonesia? ¿O tal vez naciste en la mezquita de Kuba, en Argel?
El Encíclope volvió a humedecerse los labios y paseó la vista por el grupo, desconcertado.
- Soy de Cuba, en América – dijo.
Carpentier sonrió, como si esperara aquella respuesta.
- ¿Del pueblo de Cuba, cerca de Tarija, en el sur de Bolivia?
- No soy del sur – acertó a replicar el Encíclope.
- Ya… - dijo Carpentier y, señalando con el índice - ¿Tal vez eres de Cuba, Indiana, o de Cuba, Ohio, o de Cuba, Kentucky, o de alguna de las otras siete Cubas en América del Norte?
Abrumado, el Encíclope bajó la cabeza, pero ella estaba fascinada con el juego y le exigió:
- Responde. Trata de escaparte.
- Soy de Cuba, en el Caribe.
- ¡Ah! – ripostó de inmediato Carpentier -¿Del pueblito de Cuba, cercano a Moca, en Puerto Rico?
Todavía con la cabeza gacha, el Encíclope alzó los brazos dándose por vencido. Entonces ella tuvo el temor de que el juego terminara así y decidió seguir apostando por su cuenta a ver si encontraba una salida, un modo incanjeable de decir que habían nacido aquí en el país donde vivían.
- No – dijo, con la seguridad de haberlo encontrado- él es natural de la isla de Cuba.
- Sí, pero, ¿de cúal? – replico inmutable Carpentier -. ¿La que está pegada a Long Island, en Nueva York o la que está situada en el delta del río Lena, en la Unión Soviética?
Ella rompió a aplaudir: la erudición del Narrador le parecía tan extraordinaria como las coincidencias toponímicas. Su gesto termino de relajar el ambiente. Carpentier se lo agradeció con una leve caricia en el pelo y se recostó en la silla, aguardando en silencio. La acritud inicial había desaparecido, pero el juego estaba abierto aún.
- Digamos que es de la Habana – dijo el Flaco.
- Pero eso es tan impreciso como lo anterior, mi amigo – Carpentier sonreía con un amplio ademán de Petrarca -. Hay, por ejemplo, unas nueve Havanas en los Estados Unidos: Havana, Florida, a unos cuarenta kilómetros de Tallahasee; Havana, Arkansas, al noreste de Little Rock; Havana, Dakota del Norte, casi en la línea fronteriza con Dakota del Sur; Havana, Kansas, al sureste de Wichita…Y eso – añadió, moviendo las manzanas como si estuviera situando las ciudades en el mapa -: para no hablar de las Havanas de Misisipí, Alabama, Ohio y Minnesota… Pero es más, existe incluso una Havana que, desafiando la imaginación más delirante, queda… no me creerán ustedes, como buenos habaneros que son, ¡a cuarenta kilómetros al sudeste de Cuba, Illinois! – Remató el dato con una sonora palmada y quedó boquiabierto como compartiendo el asombro de sus interlocutores -. Y por si todo esto fuera poco, hay todavía una Havana nada menos que en Australia, ubicada en los veintiún grados de latitud sur y ciento cuarenta y nueve grados de longitud este…- Recorrió el grupo con la vista y transmitió cierto desasosiego al preguntar, señalando al Encíclope -: Así que… ¿alguno de ustedes podría decirme dónde nació este muchacho?
El Encíclope se hundió en su silla y ella volvió a aplaudir mientras reía, pensando que ahora Carpentier había demostrado una sabiduría simplemente extraordinaria para transmitirles aquella información insólita. Su habilidad de músico, capaz de dirigirse a sí mismo con las manos, modulando la voz en sorpresivos, elocuentes cambios de tono, la hicieron sentirse como ante un juglar o un aeda.
- Nació en la República de Cuba, Maestro – dijo, mirando al Narrador a los ojos.
- En ese caso – Carpentier le sostenía la mirada, sonriendo-, pudo haber nacido en Islas de Pinos.
- Claro – aceptó el Rojo y, como si jugara un triunfo, añadió-: pero usted olvida que no hay otra Islas de Pinos en el mundo.
El Narrador echó su caparazón hacia delante y ella quedó pendiente de sus ojos, brillantes como los de un Marco Polo que se dispusiera a contar sus aventuras.
- El Pacífico Sur es sencillamente extraordinario- dijo, y el ritmo lento y el timbre exótico de su erre francesa crearon la impresión de que acababa de regresar de un azaroso viaje por aquellas remotas latitudes-. Mar terrible, verdadera suma de milagros geográficos, refugios de piratas siniestros, creados, las más de las veces por la imaginación de un Salgari, que no lo visitó jamás, e inspirador de escritores francamente notables: piensen, por ejemplo en un Conrad, que tampoco estuvo allí, pero que, gracias a su ambición creadora, logro transmitirnos en su espléndida Victoria, pese a ciertos errores geográficos de poca monta, la atmósfera singularísima de ese entorno, un entorno que no obstante las obvias diferencias tiene que ver con nuestro Caribe hasta el extremo de poseer un puerto de la Havannah en las Nuevas Hébridas, un canal de Cuba al norte de Nueva Zelandia, y, para pasmo de la imaginación humana, otro canal, llamado también de la Havannah, que separa a la Nueva Caledonia nada menos que de la Isla de Pinos.
Todos se miraron en silencio: el asombro los había dejado mudos, como si hubieran asistido a un milagro. Pasó medio minuto antes de que el Rubito rompiera fuego.
- Eso es fantásticamente verosímil – dijo -. Pero no sé si la verdad está en lo que usted cuenta o en cómo lo cuenta.
- El cómo y el qué son indivisibles, amigo mío, y usted lo sabe…-Carpentier lo miraba con una sonrisa condescendiente-. Y yo no calificaría estas revelaciones de fantásticas sino de maravillosas, de real maravillosas.
- ¿Y cómo llegó a ellas, Maestro? – dijo Una, definitivamente hipnotizada.
- Como una cura de caballo contra la nostalgia-respondió Carpentier, arqueando las cejas -. Demasiados años llevaba yo en Europa, trabajando en la radio, cuando conocí a cierto cubano, Mongo Cantero, verdadero jodedor criollo que, no obstante, ya se ocupaba muy seriamente de una ciencia que entonces era tarea de visionarios y hoy ha transformado el mundo: la computación. Mongo le Grand, como le llamábamos, tenía al igual que yo el dolor de Cuba…- Tomó una cucharada del helado que el Flaco le puso al frente, y siguió evocando-: Nos dimos a la tarea de buscarla en las enciclopedias y los resultados fueron maravillosos. Cuba estaba en todos lados. ¿Por qué? – se preguntó creando una nueva expectativa, mientras miraba a izquierda y derecha -. Probablemente porque es un nombre tan sencillo y sonoro que puede otorgarse a sí mismo el don de la ubicuidad. Bakú, por ejemplo, no es otra cosa que la inversión de las mismas sílabas, y además de los sitios ya mencionados, están, digamos, las estepas del Kubán, por donde cabalgan alegremente cosacos kubanos…
Ella suspiró insatisfecha, y cuando las risas se aplacaron tomó la palabra.
- Esa explicación no es suficiente, Maestro - dijo-, porque la Habana es un nombre muy complicado.
- Cierto – respondió Carpentier, imponiendo un compás de espera con la mano izquierda mientras tomaba dos cucharadas de vainilla-. En esos casos, así como en los de las Cubas americanas, la explicación se encuentra en los viajeros que se llevaron los nombres en sus alforjas para no abandonar del todo nuestras costas. “Cuando salí de la Habana, válgame Dios”…, por ejemplo, es obra de un vasco. Pero los aportes más sorprendentes, me parece, resultaron ser del Pacífico Sur. Mongo le Grand y yo teníamos la hipótesis de que estos nombres fueron trasegados por oficiales británicos que participaron en la Toma de la Habana en 1762 y que, años más tarde, acompañaron al Capitán James Cook en sus correrías por aquellos parajes. En todo caso, lo real maravilloso es que allá, en el otro extremo del mundo, estén también la Habana, Cuba, Isla de Pinos…- Su voz, que había vuelto a recobrar el tono nostálgico de sus grandes relatos, se quebró de pronto, cuando empezó a testimoniar un sentimiento íntimo-.
Pero entonces, al descubrirlo sentí celos, celos de que los nombres de mi país y de mi ciudad estuvieran repartidos por el mundo, como nombres de putas y, Mongo le Grand, que como ya dije era tremendo punto, me replicó, mientras señalaba en el mapa un archipiélago situado a unos diecisiete grados al sur del ecuador y sesenta al este del meridiano de Greenwich, en medio del Océano Indico: “consuélate Alejo, por lo menos no nacimos aquí, en los Bajíos de los Cargados Carajos”.
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba,_Ohio
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba,_Kentucky
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba,_Indiana
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba,_Portugal
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba_(town),_New_York
http://en.wikipedia.org/wiki/Cuba,_Alabama
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